Kaia no se imaginaba ni de lejos la enorme diferencia que habia entre nadar con una cola, a hacerlo con piernas humanas.
Ella nunca habia sentido como si el mar estuviera en su contra, esa fue, la primera vez que lo sintió. Aunque para ser justos, ese no era el mar precisamente, pero seguía siendo agua.
Salió para respirar. Pero casi al instante volvió a hundirse.
Trato de abrir los ojos para localizar al muchacho de cabellera dorada, pero aun así no lo veía, de hecho, no podía ver nada.
Pudo s