Marcos no fue al café.
Fue a la obra del ayuntamiento que tenía a dos manzanas de la plaza, que era donde debería haber estado esa mañana de todas formas, que era una razón perfectamente razonable para estar en esa parte del pueblo a esa hora.
Desde el segundo piso del andamiaje podía verse el café de Lucía.
No había planeado subir al segundo piso. Había subido a revisar el estado de las vigas del ala norte que el maestro de obras había marcado con cinta naranja en el informe de la semana anteri