~Daria
Caminé a través de las puertas de vidrio de la oficina con un salto en el paso, equilibrando cuatro tazas de café humeante y una caja de donas glaseadas frescas. Todos me querían aquí porque yo era la “pastelito” que cuidaba de todos.
—¡El café está aquí! —gorjeé, pero los habituales vítores no llegaron.
En cambio, vi a un grupo de mis compañeros de trabajo apiñados en la esquina. Mi mejor amiga del trabajo, Maggie, levantó la vista y la expresión en su rostro hizo que se me cayera el es