~Daria
Nos movimos hacia el dormitorio, las risas convirtiéndose en respiraciones pesadas. En ese momento no me importaba nada más. Solo quería sentir algo que no fuera el dolor de haber sido engañada.
Keisha me ayudó a quitarme la blusa por la cabeza y yo hice lo mismo con la suya. Pronto nuestros sostenes también estaban en el suelo. Me empujó hacia atrás sobre la suave cama y se cernió sobre mí.
—Eres tan hermosa, Daria —susurró.
Se inclinó y tomó mi pecho izquierdo en su boca. Dejé escapar