~Violetta
Savannah entró, pero yo no me detuve. No podía. La sensación de la lengua de Rachel —cálida, húmeda y enfocada sin piedad en mi clítoris— era lo único que se sentía real.
Seguí frotando mi coño contra su cara, mis caderas moviéndose en un ritmo frenético y desesperado. Lo único en lo que podía pensar era en correrme, la presión acumulándose detrás de mis ojos hasta que la habitación empezó a volverse borrosa.
Miré por encima del hombro y vi a Savannah desnudándose. En el momento en qu