Capítulo 4.6: Alma atada.
Frustrado por el recuerdo, Armin se pasó una de sus manos por el rostro, sintiéndose también algo cansado.
―Aren y yo sabíamos que, si no la deteníamos en ese momento, ella no iba a parar, no se iba a rendir y tarde o temprano volvería con más cazadores, y eso sería un cuento de nunca acabar, sin embargo, la idea de acabar con mi propia compañera me producía náuseas… ―relató Armin con la voz rasposa ―Ella, sin embargo, al verme dudar, se giró al pozo e intentó vaciar el contenido de una botella