Carlisle cerró el diario súbitamente y con rabia. No estaba en sus planes seguir saliendo en primera plana y menos con una noticia como esa. “¿Qué diablos les importa que hago con mi dinero?” “Como si fuera importante que comprara una estúpida revista” “Malditos infelices…. Cuando descubra al que dijo la cantidad de estupideces…” Tiraba el diario con vehemencia a un basurero, cuando David Beckett entraba tranquilamente por la puerta de su oficina. Carlisle lo miró, y sin decirle buenos días, lo