Aquel solitario café era tal cual lo recordaba de sus tiempos de estudiante. Apenas con un alma alrededor a esas horas, y que solía atiborrarse de estudiantes hambrientos en las horas de descanso.
Esperaba a aquella chica de sus sueños, la misma que le había pedido encarecidamente el ayudarle con alguna cuestión que le era ya completamente desconocida y que le hacía preguntarse que era lo que estaba haciendo allí.
Elric Harrison era un hombre serio, bastante apuesto en sus 1.80 de piel morena