Aquel día el cielo estaba nublado, como lo esta justo antes de que comience una tormenta. El viento se sentía frío, pesado, y los ánimos, aunque altos, se habían visto levemente opacados por las muchas llamadas perdidas que tenia en su celular. Su madre había estado particularmente insistente aquel par de días, y aunque no tenía la más mínima intención de responderle, Rhaena comenzaba a sentirse estresada por el acoso constante. No había ni siquiera abierto los mensajes que la mujer que le dio