La lluvia caía con una intensidad implacable, y cada gota parecía una punzada que me atravesaba, empapándome de un dolor que no podía describir. Mis pensamientos, que antes eran claros, ahora se entrelazaban en un caos indescriptible. Riu intentó acercarse, pero lo alejé de mí con una brusquedad que me sorprendió.
-No me toques -dije, mi voz rasposa, como si mi garganta estuviera llena de cristales rotos. Me abrazaba a mí misma, buscando consuelo en el vacío, en la distancia. Lo sentí alejarse