Dos meses y medio después
La mañana en el comedor estaba más silenciosa de lo habitual. El olor a café flotaba en el aire, y las voces que normalmente llenaban la casa se sentían distantes, como si todo estuviera suspendido en el tiempo, aguardando algo. Mi madre, sentada en la cabecera de la mesa, miraba fijamente su taza, con una expresión grave que rara vez veía en ella.
—Ahora tiene que ir al médico a que la revisen y nos digan cuándo nace —dijo, su voz firme pero con un toque de preocupac