18

Amelia cerró sus ojos y respiró profundo. El aquí y el ahora estaban siendo demasiado reconfortantes, demasiado lindo. Así que atesoró el momento, se llenó de las sensaciones, de la luz de la tarde de fin de primavera y cielo despejado, del aroma de la tierra y del pino plantado por sus padres en el jardín cuando ella no había nacido siquiera.

Y el aroma de Zack, notó. El sonido de su respiración.

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