Piso de a poco el freno para comenzar a bajar la velocidad, dos minutos después me estaciono frente a él. Me observo en el espejo retrovisor, mis ojos se encuentran totalmente rojos e hinchados a causa del llanto imparable, siento las emociones a punto de rebasarme.
Bajo del coche dando un portazo, que va dirigido con toda la intención del mundo a él, paso por su lado sin mirarlo, que no crea que será un mandón conmigo en estos momentos porque así sea el padre de mis hijos, me mintió con