―Estás muy callada ―dice mi enamorado.
Son las 2:30 de la mañana y acabamos de estar por tercera vez juntos. Estoy recostada sobre su pecho a punto de caer rendida, mi cuerpo se encuentra entumecido, extasiado, sudoroso y adolorido de placer. Él juega con mi cabello, lo acaricia con ternura.
―Can... sada ―digo con un gran bostezo. El ríe y su pecho se estremece por la risa.
―Realmente fuiste tú la que me atacaste, te dije que debíamos dormir hace dos horas atrás. ―Ahora soy yo la que me rio.
―C