74. Es hora de que me case
Estela sale de la recámara con una cara que delata la noche en vela. Bajo sus ojos, unas sombras suaves insinúan el cansancio, pero la emoción brilla en su mirada inquieta. Sus párpados, un poco hinchados, parpadean más de lo normal, como si intentaran disipar la fatiga. Su piel, usualmente radiante, luce un poco pálida, pero el rubor natural en sus mejillas la delata: los nervios la tienen despierta por dentro y por fuera. Sus labios, entreabiertos, parecen dudar entre una sonrisa y un suspiro