68. Querido Logan
Estela y yo, caminamos en silencio tomadas de la mano. Me tomó una noche de whisky y lágrimas contarle todo.
El eco de nuestros pasos rompe el silencio de la calle casi vacía. Las farolas lanzan sombras alargadas sobre el pavimento, mientras el viento arrastra hojas secas y recuerdos pasados. No hemos dicho una palabra desde que salimos de la última tienda.
Giro ligeramente la cabeza hacia ella. Su rostro hermoso y sereno, me mira también.
—No dejo de pensar que tal vez deba hacer más —