21. En las manos del destino
“ Me miro al espejo y no soy más que un remedo de la mujer que era antes. - Por qué dejé que las cosas llegaran a este punto? - Me digo mirando la imagen frente a mí. Escucho el ruido de la llave abriendo la puerta. Ya regresó y saberlo me estruja el alma. Ya no quiero seguir así. Esto tiene que terminar. Él pasa frente a la puerta y nos miramos fugazmente. No me muevo de mi sitio y continúa su camino. Irá directo a la cocina y luego al estudio donde ha dormido los últimos días. Tristemente no