Cuando dobló una esquina, vio una figura familiar acercándose. Milena, la madre de Alejandro, caminaba con esa gracia que siempre la caracterizaba, su porte impecable y la expresión dulce que, sin embargo, no ocultaba su intuición aguda. Luciana intentó componer su rostro, pero sabía que Milena era capaz de ver a través de cualquier fachada.
"Luciana, querida” dijo Milena suavemente mientras se acercaba, con una leve preocupación en sus ojos. "¿Todo está bien? Te ves un poco... irritada."
Lucia