Alejandro estaba a su lado al instante. Su mano tocó su hombro, y el miedo en su voz era palpable.
—Luciana, ¿qué pasa? ¡No te desmayes!
Intentó sostenerla, pero Luciana sintió como si todo su cuerpo se desmoronara. La presión de lo que le había dicho su madre, las palabras no dichas de su padre, el estrés de los últimos días... todo era demasiado.
De repente, las palabras de su madre, aquellas que le habían marcado en su niñez, vinieron a su mente, como una pesadilla que no podía escapar.
"No