—Hazlo —dijo con voz baja—. Solo quiero que esto se acabe.
Luciana volvió al teléfono.
—Gracias, Héctor. ¿Cuándo puedes empezar?
—Dame acceso remoto a los servidores y al sistema, incluyendo códigos —respondió él de inmediato—. Puedo empezar a rastrear de dónde vienen los ataques. Pero te advierto, esto no será fácil. Si los que están detrás son tan buenos como parece, será una batalla dura.
—Lo entiendo —dijo Luciana—. Confío en ti.
Después de despedirse, Luciana colgó y se volvió hacia Alejan