Luciana estaba en su oficina, furiosa. El silencio que llenaba el ambiente no era suficiente para calmar el fuego que ardía en su interior. Caminaba de un lado a otro, incapaz de concentrarse en los documentos que había intentado revisar. Todo había salido mal, y la causa de su frustración estaba, una vez más, relacionada con Alejandro.
Con un movimiento brusco, tomó su celular y marcó su número, sus dedos temblando de rabia. Cada tono de llamada que sonaba le hacía sentir como si una tormenta