—Luciana —continuó Alejandro, con voz temblorosa pero firme—, ¿quieres ser mi novia, de manera oficial? Prometo hacer todo lo posible para que esta vez sea diferente, para que no haya más errores. Quiero pasar cada día contigo, construir algo más fuerte, algo que dure para siempre.
Luciana, con los ojos llenos de lágrimas de felicidad, no pudo contener una sonrisa radiante. Su corazón latía con fuerza, y por un momento, sintió que el mundo entero se había reducido a ese instante.
—Sí, Alejandro