Minutos después volví a mi estado de conciencia. No escuchaba nada de bulla y temí que al levantar la cabeza no se encontrara mi hijo en la silla donde lo tenían atado. A como pude me deslicé con ayuda de mis manos y me di la vuelta.
Joder, estoy tan adolorida y mi camisa ya se ha empapado de la sangre que brota de mi frente. Vi a mi hijo que estaba llorando y su mirada no se despegaba de mí. Agradecí que no se lo hayan llevado con ellos.
—Es mi oportunidad para hacer hasta lo imposible por res