CAZADOR
La puerta del coche se abrió de golpe y vi a mi madre y a Fiona seguir adelante. Gritaban mi nombre. Aunque solo oía un ruido blanco. Mis ojos estaban fijos en Fiona. Me dirigió una mirada cómplice. Quizás todo estaba en mi cabeza, pero el brillo de esos ojos se había oscurecido. Vi culpa en sus iris oscuros. Fiona corrió a mi lado, con las manos firmemente apoyadas en mi cabeza para detener la hemorragia. Estaba llorando. Mi madre también. El mundo murió ante mí antes de volver a arder