El cambio, cuando se vuelve constante, deja de percibirse como tal.
Se integra.
Se diluye en la rutina.
Se convierte en una forma de respirar.
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En la ciudad costera, la transición hacia una estación más templada comenzó a sentirse en los detalles.
Las puertas de los cafés permanecían abiertas por más tiempo.
Las conversaciones en la calle se extendían sin prisa.
El sonido del mar ya no era el único fondo: ahora se mezclaba con voces, pasos, risas lejanas.
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Camila empezó a notar cómo su re