El invierno se instaló con una firmeza tranquila. No fue un golpe abrupto, sino una presencia constante que invitaba a quedarse más tiempo en casa, a bajar el ritmo sin culpas. Camila comenzó a notar cómo los días se plegaban hacia adentro, y en ese repliegue encontró una claridad que no había buscado. Gavin, por su parte, descubrió que el frío le ordenaba las ideas: menos dispersión, más foco; menos ruido, más escucha.
Decidieron no mudarse todavía. La idea quedó suspendida como una promesa si