Punto de vista del escritor
—¡No! No lo hagas. Si lo que quieres es dinero, yo lo pago —dijo la desconocida, suplicándole a la persona al otro lado del teléfono—. ¿Crees que puedes comprar mi silencio?
—Dime qué precio, encontraré la manera de conseguirlo.
—Cincuenta millones por mi silencio, cien millones por deshacerme de las fotos y doscientos millones por el vídeo. —Una voz traviesa llegó del otro lado del teléfono. Siguió una risa ahogada y luego un susurro: —Tienes dos días.