Hayami sintió cómo la sacudían en su cama. Al abrir los ojos, miró un poco borrosa la imagen de su hermana; su rostro lucía un poco molesto.
—Ya sé, ya sé, ahora me doy una ducha súper rápida.
—Eres muy dormilona.
Cruzó los brazos. Isabel, mientras miraba a su hermana pararse de la cama con demasiada pereza.
—Es domingo, día de descanso.
—Sí, pero son las 10:00 de la mañana, hermana, ya dormiste suficiente.
Hayami se detuvo un segundo y llegó a su mente. Iván, con el que tenía una "cita" esa tar