La piel de Zaideth brilla con las gotas de agua salada. Sumerjo mi rostro en su cuello y comienzo a besarlo mientras acaricio su piel húmeda. Me encanta el contraste que hace mi piel pálida, blanca y un tanto rojiza por el inclemente sol que tuvo que soportar y la suya, trigueña, bronceada. Por algo dicen que las personas de piel opuesta se buscan, como si fuéramos dos polos que se llaman desde la lejanía.
Aunque deseo estar sexualmente con Zaideth, quiero que esta vez sea diferente, porque mi