Nunca había comprado un postday, nunca había necesitado hacerlo porque soy de los que saben controlarse. Pero ahora estoy en la droguería y una mujer de edad, con lentes grandes, oscuros y gruesos me examina, después, da un suspiro y se dirige al interior de los pasillos de la drogaría buscando la caja de la pastilla. Cuando ya lo tiene en sus manos vuelve a acercarse al mostrador, examina nuevamente que sean las que he pedido.
Entre los dos se ha hecho un silencio incómodo, como si el mismo si