Mundo de ficçãoIniciar sessãoHabía acabado de darle un manotón a la mesa de la cafetería, fue tan fuerte que todos voltearon a vernos y Zaideth tenía los ojos llenos de lágrimas, estaba cohibida, con ganas de llorar.
—¡¿Qué?! ¡¿Ahora vas a decir que esa no es una excusa para ir a revolcarte con los hombres con los que te ves?!
Podía escuchar los murmullos de los estudiantes y las miradas de la gente con impotencia por có







