Tessa
Tuve que respirar hondo varias veces antes de que mi presión se estabilizara y todo dejase de darme vueltas, cuando salí del edificio. El guardia de la entrada me miró con el ceño fruncido, pero no me dijo nada. Arriba en el cielo los nubarrones se veían cada vez más espesos y unas gotas gordas comenzaron a caer.
Perfecto, justo lo que necesitaba, que comenzara a diluviar, no conseguiría un taxi hasta que el aguacero parase. Lo peor de aquello, era que a la única persona a la que podía p