Palabras Inquietas
Todavía sentía el eco del túnel.
El polvo en el aire, la luz filtrada por los plásticos, esa maldita sonrisa imposible de David.
Había durado apenas unos segundos, pero la dejó temblando por dentro.
Intentó convencerse de que ya no pensaba en lo ocurrido.
Pero lo hacía.
Todo el tiempo.
Por la tarde, después del inesperado encuentro de la mañana, Keila volvió al supermercado como de costumbre, esta vez para comprar algunos productos para su abuelo.
Quería que fuera un trámit