Al día siguiente, Clara despertó envuelta en un remolino de pensamientos y emociones. Había pasado la noche anterior en los brazos de Lucien, sintiéndose segura y deseada, pero también consciente de las sombras que aún envolvían su vida. La conexión entre ambos se había intensificado, y aunque Clara sentía que estaba cayendo en un abismo desconocido, ya no podía resistirse. Lucien era su mundo ahora, y en sus brazos encontraba algo más que simple atracción.
Se sentó en la cama, mirando alrededo