Horas después de la batalla, un profundo silencio reinaba en el campo, roto solo por el susurro del viento sobre la hierba y el ocasional murmullo de los sobrevivientes. Lucien y Clara caminaban lentamente hacia la mansión, dejando atrás el lugar donde habían peleado por sus vidas y por su futuro. A cada paso, Lucien sentía el peso de lo que había perdido y ganado, mientras que Clara, a su lado, no podía evitar recordar la intensidad de cada momento vivido.
Al llegar a la mansión, Lucien ordenó