Cuando Lucien y Clara tomaron la mano del guardián, una energía oscura los envolvió, como si el aire mismo se desvaneciera bajo sus pies. Clara sintió un vértigo indescriptible, y durante lo que parecieron interminables segundos, todo lo que conocía desapareció. A su lado, Lucien mantenía su rostro imperturbable, pero incluso él no podía ocultar la tensión en sus ojos. Sabían que estaban cruzando un umbral del que no habría retorno.
Finalmente, el vértigo cesó. Cuando Clara abrió los ojos, se e