Los días posteriores al renacimiento de Lucien transcurrieron con una calma inquietante. Clara podía sentir la tensión en el aire, una sensación que crecía con cada amanecer, y Lucien no era ajeno a ese malestar. Sus movimientos eran precisos, calculados, como si cada paso que diera estuviera planificado en función de lo que vendría. El líder del clan vampírico más poderoso del mundo estaba listo para enfrentar la amenaza inminente, pero también era consciente de que esta vez, la situación era