El tiempo parecía detenerse para Clara y Lucien mientras permanecían abrazados en el suelo del castillo, apenas conscientes de su entorno. Los ecos de las palabras del ancestro aún resonaban en sus mentes. Ambos sabían que lo que acababan de escuchar los había empujado a un abismo sin retorno. Lucien, siempre tan seguro de sí mismo, ahora se encontraba atrapado entre el amor que apenas había comenzado a florecer y el deber implacable hacia su clan, hacia el mundo vampírico, y hacia sí mismo.
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