El amanecer apenas comenzaba a teñir el horizonte cuando Lucien y Clara despertaron del breve descanso que habían compartido. Aunque el aire de intimidad aún persistía entre ellos, ambos sabían que la realidad, con sus implacables desafíos, los aguardaba fuera de las paredes de esa habitación.
Lucien se levantó en silencio, sus ojos oscuros y pensativos observando el panorama desde la ventana. Los tonos cálidos del sol apenas comenzaban a iluminar el mundo exterior, pero él no tenía tiempo para