La luz tenue de la luna se filtraba a través de las cortinas de la habitación de Clara, bañándola en un resplandor plateado. El eco de las palabras del mensajero seguía resonando en su mente, perturbándola más de lo que quería admitir. Sabía que el juego de poder en el que había entrado con Lucien era mucho más peligroso de lo que cualquier alianza podría mitigar. Los vampiros eran maestros del engaño, y ahora, más que nunca, Clara tenía que estar alerta.
Lucien, que había estado observando su