–¿No se supone que las señoritas querían esperar hasta el parto? –Preguntó Aurora llevándose las manos a las caderas mirando a sus dos hijas embarazadas, que estaban acostadas cada una en una camilla lado a lado.
–Es que ya no aguantamos las ganas, tanto imaginar me está provocando mucha ansiedad. – Habló Kelly poniendo un puchero y su madre negó con la cabeza riéndose.
María Eugenia había hecho un pedido especial al director del hospital para que preparen una sala con dos ecógrafos y dos camil