Con un suspiro resignado, alcé la mano y toqué la puerta de la oficina se Sarah. El eco de mi determinación resonó en el pasillo vacío, como un preludio de lo que estaba por venir. Sin embargo, el silencio que siguió fue inquietante, como si el edificio mismo contuviera la respiración en anticipación de lo que desataría.
En ese momento, la asistencia de Sarah apareció y me saludo con cortesía:
-Buenas tardes, abogado Roberts. No lo vi ingresar.
Asentí con la cabeza, sintiendo la necesidad de di