Al día siguiente, me levanté temprano, consciente de que el día estaría lleno de ajetreo. Me dirigí al baño y me di una ducha rápida, dejando que el agua caliente despejara las últimas trazas de sueño. Luego, me puse mi traje favorito: un elegante conjunto azul marino de tres piezas, con una camisa blanca impecable y una corbata a rayas azul y plateada que completaba el look profesional. Ajusté los gemelos de plata y me miré en el espejo, asegurándome de que cada detalle estuviera en su lugar.