SARAH
Han pasado varias semanas desde el atentado que casi me costó la vida. Las cicatrices físicas han comenzado a sanar, pero las emocionales siguen presentes, latentes, cada vez que cierro los ojos. A pesar de todo, finalmente me han dado de alta, y ahora estoy en casa, bajo el constante cuidado de mi madre y de David. Ambos se han convertido en mis pilares durante este tiempo, aunque a veces siento que me sobreprotegen más de lo necesario. Es casi cómico ver cómo se turnan para cuidarme, as