Sabrina dejó de forcejear de repente, mirándolo, —Francisco, ¿por qué empezaste a engañarte a ti mismo? Despierta. ¿O sea, de verdad me quieres tanto? Umm...
Francisco la empujó a Sabrina contra la pared y la besó con fuerza.
Francisco le cogió la barbilla y la besó con rudeza, evitando que dijera las palabras que lo enfadaban.
Sabrina resistía, y sus labios resultaron lastimados.
Como si estuviera castigándola, no le dio ninguna oportunidad de liberarse.
—¡Umm...!
Sabrina fulminó a Francisco, f