Sabrina sabía que Francisco debía haber oído la voz de Martín.
—¿Martín está contigo? —preguntó Francisco.
—Me ha llevado aquí. —contestó Sabrina.
«Debe estar celoso.»
—Estoy abajo, subo enseguido —Sabrina colgó y luego dijo a Martín—. Gracias, chau.
Martín preguntó deliberadamente a Sabrina: —¿No me invitas a tu casa?
Sabrina declinó cortésmente: —Mi novio está esperándome, otra vez.
—Bueno —Martín asintió y le entregó su botiquín—. Adiós.
—Adiós.
Sabrina acababa de salir del coche cua