—No.
Sabrina frunció el ceño, —Mejor come algo y descansa después.
Sabía que le dolía el estómago cuando no comió a su hora.
—Bien.
Sabrina recordó lo que le había dicho su abuelo aquella tarde y se sintió un poco triste.
—Francisco.
Francisco respondió, —Sí.
Sabrina no supo qué decir, —Nada.
Francisco percibió sus emociones, —¿Qué pasa? ¿Estás descontenta?
—No.
Sabrina fingió tener sueño, —Voy a dormir. Tú también descansa pronto. Buenas noches.
Y Sabrina colgó.
Fue entonces cuando