Sabrina enterró la cara en los brazos de Francisco, respirando agitadamente.
El miedo extremo había enmascarado antes todas las demás sensaciones, y ahora que estaba relajada notaba la diferencia en su cuerpo.
—Sabrina.
Francisco se dio cuenta entonces de que su temperatura no era normal.
«¡Maldito! ¿Cómo se atreven a drogarla con oxicodona?»
Miró a Francisco en actitud orante, —Francisco. No quiero...
Por mucho que le gustara Francisco, no quería acostarse con él así.
No quería recordar