Sabrina sabía que Francisco no solía perder el sueño.
Francisco miró el frasco de pastillas que Sabrina tiene en la mano, —Tuve problemas para dormir los dos últimos días, así que le pedí al médico que me recetara somníferos.
El médico también se apresuró a explicarlo, —Sí. El señor no ha dormido muy bien en los últimos dos días.
Sabrina asintió y, cuando el médico se marchó, tomó asiento en la cama.
—Déjame tomarte la tensión y el pulso.
Francisco se quedaba mirando la seriedad de Sabrina