«Otra vez.»
Sabrina respiró hondo, con la esperanza de aliviar su dolor.
El dolor, sin embargo, no disminuyó, sino que se hizo cada vez más pronunciado, como hormigas desgarrando todo su cuerpo.
—Ummm...
Sabrina estaba acurrucada en el sofá, débil y sudando frío.
En ese momento, Sofía bajó por las escaleras.
—¿Sabrina?
La despertó el ruido del piso de abajo, así que se levantó y bajó.
Acababa de llegar a la escalera cuando vio a Sabrina acurrucada en el sofá, dolorida.
—Sabrina. ¿Qué te